viernes, 27 de septiembre de 2013

La Constitución de Esparta y sus órganos



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Según la tradición, el autor de la Constitución espartana fue Licurgo, que vivió, de acuerdo con la leyenda, en el siglo X a.C. Los historiadores consideran, sin embargo, que el aparato constitucional con el que se regía el estado de Esparta no fue obra de un solo legislador, sino el resultado de una larga evolución de experiencia políticas y sociales que duró al menos dos siglos. Los órganos fundamentales previstos por la constitución espartana eran dos reyes, una gherusia, un apella y cinco éforos.

Constitucion espartana

- Los reyes en Esparta


Los reyes pertenecían a la familia de los Agiadas y a la de los Euripóntidas, dos ramas que se consideraban descendientes de Hércules. Su poder era limitado: sólo tenían misiones sacerdotales y judiciales en casos de importancia secundaria, como herencias, adopciones y otros. Presidían la asamblea de la gherusia y tenían el mando del ejército en caso de guerra. Su cargo era hereditario, pero el derecho de sucesión no correspondía al primogénito, sino al primer varón nacido después de la subida al trono de su padre.


- La gherusia


La gherusia era un senado formado por 28 miembros de más de 60 años elegidos por la asamblea general de los espartanos. Los senadores controlaban, junto con los dos reyes, los asuntos más importantes: tratados de paz y declaraciones de guerra, legislación y administración del Estado, decisiones judiciales, etc.

- La apella


Todos los ciudadanos espartanos de más de 30 años de edad formaban la apella, una asamblea que se reunía una vez al mes con ocasión del plenilunio. A la apella correspondía el deber de elegir a los miembros de la ghurusia y también a los éforos. Además, podía votar por unanimidad las leyes propuestas por la gherusia, pero su papel en este campo era solamente.

- Los éforos


Los éforos eran cinco espartanos elegidos cada año por el pueblo a propuesta del senado. Les estaba confiado el poder ejecutivo y, con el paso del tiempo, lograron imponerse sobre los demás organismos del estado. Su autoridad creció desmesuradamente, hasta el punto de convertirse en el tribunal supremo al que todos, incluidos los dos reyes, estaban sujetos.