sábado, 14 de enero de 2012

La población



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La población es otro elemento esencial del Estado, ya que sin él éste no podría ser una comunidad organizada. También aquí cabe decir que se trata de un elemento cualitativo, esto es no pueden existir Estados sin población, pero la cuantía de la misma es indiferente para determinar  la existencia de un Estado, es decir los hay con poblaciones enormes (China, India etc.) y con apenas unos miles o decenas de miles de personas. Pero al revés si es posible que haya población sin Estado, como ocurre en el caso de los apátridas, tanto como individuos aislados como determinados grupos étnicos o nacionales, que están en el territorio de un Estado pero no forman su población y tampoco son nacionales de otro Estado.

Población - Derecho Constitucional

Cada elemento de la población de un Estado, es decir cada individuo tiene con él una relación, que ha sido vista desde un doble enfoque histórico. Por un lado y primeramente, en cuanto súbdito o destinatario del imperium del Estado. Por otro y ya en la época moderna, en cuanto ciudadano que establece con el Estado relaciones jurídicas recíprocas en que aun estando sometido al imperium del Estado se convierte al mismo tiempo en elemento imprescindible para la legitimación del poder que éste ejerce.

La contemplación del elemento población plantea una doble perspectiva en su consideración:

La población como grupo humano

La población como conjunto de personas puede contemplarse como un grupo humano al que se aplica un ordenamiento jurídico y dentro del cual el individuo desarrolla su actividad social y económica. Pero ese grupo humano no es un grupo homogéneo de iguales sino que suele estar estratificado en distintas capas o estratos. Históricamente -aunque también en nuestra época (Alemania nazi)- la estratificación era generadora de desigualdades jurídicas a las que el Estado no era ajeno (sociedad estamental, sociedades de castas etc.). Se trataba de una estratificación jerárquica, dividida en compartimentos estancos rígidamente separados, con diferentes derechos y obligaciones y muy escasa o nula posibilidad de permeabilidad.

Modernamente, el Estado no establece desigualdad alguna por razones de estratificación social, habiéndose transformado la sociedad estamental en el llamado sistema de clases sociales con la correlativa permeabilidad que conlleva. Conviene tener en cuenta, sin embargo que la sustitución de un sistema por otro no tuvo lugar de la noche a la mañana sino que durante décadas, según los distintos Estados, se fue produciendo una transformación paulatina, más acelerada en el ámbito del Derecho privado que en el Público, donde ciertas restricciones (como los senados como segundas cámaras aristocráticas o el sufragio censitario) llegaron hasta el siglo XX. Y, por otro lado, en nuestros días la existencia de las distintas clases sociales nos recuerda la diferencia existente entre igualdad jurídica e igualdad real por lo que a veces el Estado de nuestro tiempo tampoco es ajeno (aunque ahora en sentido contrario) a determinadas intervenciones correctoras de éste hecho. Téngase en cuenta, sin embargo, que existe una situación en la actualidad que se traduce en que (dentro de ciertos límites) la pertenencia o no a una clase social puede estar más condicionada a fenómenos sociológicos que estrictamente económicos.

La población como nación

El grupo humano que determina la población de un Estado puede también contemplarse en función de su cohesión interna en virtud de determinados lazos materiales y espirituales y la consideración de sentirse y ser diferentes a otros grupos. Llegamos aquí al concepto de nación, que a su vez tiene dos formas de concebirse:

La concepción alemana, en la que los lazos que unen al grupo son estáticos: una raza, sangre o lengua comunes, la historia, la afección al territorio al que se pertenece etc. Se trata de una concepción que podemos considerar excluyente y que, por eso mismo, ha producido grandes trastornos históricos.

La concepción francesa o dinámica en que los lazos son los que provienen de formar una comunidad de intereses (de todo tipo) sostenida y empujada por un (sugestivo) proyecto de vida en común. Encierra una clave más positiva que la anterior al no ser excluyente pero su implantación en la historia ha resultado ser -y resulta- más difícil.

También aquí parece evidente que el concepto de nación que mejor podemos entender es un concepto mixto de las dos anteriores.

A partir de cualquiera de sus dos concepciones, aunque desde luego mucho más desde la alemana nos encontraremos con el fenómeno de que puede haber naciones divididas en varios Estados y Estados que agrupen a varias naciones.


- Fuente:

Introducción al Derecho Constitucional

José Luis García Ruiz

Editorial: Universidad de Cádiz
Año de publicación: 2010
Nº de páginas: 254 págs.

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