martes, 7 de febrero de 2012

Crisis y Evolución del Estado Liberal



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El Estado liberal al ser un fenómeno histórico va a ir sufriendo una evolución al correr del tiempo. Esa evolución afectará y condicionará a muchas de sus características fundamentales sobre todo a partir del momento que conocemos como la crisis del Estado Liberal y que es consecuencia de una serie de factores que, producidos en ámbitos diversos, se van superponiendo unos a otros hasta conducir a una profunda mutación del sistema:

Por un lado el crecimiento demográfico y la revolución industrial determinarán importantes cambios sociales que se irán traduciendo en mayores demandas de la sociedad hacia el Estado. Ello produce el progresivo abandono de la contemplación del Estado como un simple Estado gendarme, como Estado mínimo y empezará a demandársele otros servicios y funciones. Dicho de otra manera, se irá cambiando el criterio de que el Estado debe ser un Estado abstencionista por otro criterio en que se considera inevitable que el Estado empiece a intervenir en algunos aspectos de la vida social y económica para paliar las desigualdades reales e intentar la armonía social. Con arreglo a ello se irá ampliando el catálogo de los servicios públicos que corresponde garantizar al Estado.

Estado Liberal

En el ámbito político, de manera paulatina e inexorable se irá produciendo la extensión del sufragio que culminará con la implantación primero del sufragio universal masculino y ya en el siglo XX con el sufragio universal. Como consecuencia de este hecho toda la sociedad, y no solamente la burguesía, pasará a ser protagonista de la vida política de los Estados.

En el ámbito interno se producirá una reformulación del concepto de orden público, que ya no se entenderá simplemente como mero orden externo, sino como el libre y pacífico ejercicio de los derechos por parte de todos, lo que exige trascender las meras funciones de policía y ocuparse de todas aquellas medidas que sirvan para establecer un marco de convivencia estable.

En el ámbito exterior, el Estado Liberal dará lugar a una paradoja lamentable y es que la segunda mitad del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX serán testigos, a pesar de que comparten la misma filosofía liberal, de grandes y cruentas guerras entre Estados nacionales, que determinarán profundísimos cambios en el contexto internacional, con relevancia a su vez en el interior de esos mismos Estados: desmembración del imperio Austro-húngaro, implantación de la república en Alemania, fin del régimen zarista etc.

Asimismo en el orden exterior asistiremos al fenómeno de la colonización, que tendrá como consecuencia el que vastos territorios de África y Asia pasaran a ser controlados por Estados europeos, motivando fuertes impactos en la vida social y económica de éstos y produciendo también profundos cambios internos.

Este cúmulo de circunstancias terminará dando lugar de manera paulatina y escalonada a la transformación del Estado Liberal en Estado Social y, conceptualmente, al paso del Estado Liberal de Derecho al Estado Social de Derecho. Se trata de una transformación necesaria e impelida por la historia.  Pero esta transformación no se produce en todas partes. Hay Estados en los que sus circunstancias particulares y las vicisitudes históricas motivaron una deriva contraria al Estado Liberal, esto es no se produce en los mismos una transformación del modelo sino la implantación de un contra modelo. Ello ocurre con la aparición del Estado Totalitario en sus dos variantes del Estado Socialista y el Estado Fascista que serán en el siglo XX la réplica al Estado Social. El Estado Totalitario en cualquiera de sus dos vertientes no es pues una derivación del Estado Liberal sino un fenómeno histórico antagónico del Estado Liberal e igualmente antagónico de su plasmación conceptual como Estado de Derecho.

En nuestro contexto histórico y geográfico el Estado Social de Derecho terminará configurándose como Estado Democrático de Derecho. Pero se trata de adjetivaciones sobre un basamento inequívoco: Estado de Derecho. Y como ya hemos advertido no se trata de que el Estado tenga un Derecho, pues todo Estado lo tiene, sino que el Estado, además de producir Derecho, estará sometido a ese mismo Derecho. Esta afirmación parece baladí pero no lo es por cuanto exige superar la contradicción que se produce entre el carácter soberano del poder del Estado, encarnado a su vez en determinados órganos del mismo, y la limitación del poder que deriva de su sometimiento al Derecho. Precisamente la fórmula del Estado de Derecho pretende coordinar esta contraposición teórica.

El Estado al producir Derecho y, en menor medida, al aceptar e incorporar  el Derecho emanado de la propia sociedad da lugar a la formación del ordenamiento jurídico. Por eso cuando afirmamos que el Estado está sometido al Derecho, lo que señalamos es que el Estado está sometido y debe respetar su propio ordenamiento jurídico.


- Fuente:

Introducción al Derecho Constitucional

José Luis García Ruiz

Editorial: Universidad de Cádiz
Año de publicación: 2010
Nº de páginas: 254 págs.

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